Mi abuela tiene alzhéimer

Marina REINA

El alzhéimer es una enfermedad cerebral que provoca pérdida progresiva de la memoria y problemas en el comportamiento. Encarna la padece. Comenzó con pequeños lapsus y hoy no puede valerse por sí misma.

Esta dolencia es capaz de consumir la vida de la persona que la padece, pero también afecta emocionalmente a quienes están a su alrededor. Esta enfermedad empeora con el tiempo, y sus síntomas pueden variar dependiendo del paciente. El más obvio es la pérdida de memoria hasta el punto de impedir a la persona realizar con normalidad las tareas de su vida cotidiana.

Por lo general, no se detecta de repente, sino que las señales de alerta van apareciendo poco a poco. Para saber si una persona padece este trastorno solo hay que observar si presenta un comportamiento anómalo. Por ejemplo, si hace comentarios que saltan en el tiempo o si dice que “viene” de hacer algo que normalmente hacía pero cuando era más joven.

Es el caso de Encarna Monroy. La primera señal de alarma para la familia fue cuando le dijo a una de sus nietas que le había preparado un cocido a su marido que estaba a punto de llegar del trabajo. Sin embargo, el marido de Encarna llevaba 14 años fallecido. La primera vez que visitó el hospital debido a este tipo de ‘confusiones’, el médico le dijo que tenía otros problemas de salud. Le recomendaron una dieta estricta para bajar de peso y le recetaron unas pastillas para tener todos los niveles bajo control.

Ante los ojos del médico, sus dolencias eran otras. Sin embargo, un día la señora Monroy decidió salir a la calle, aún sabiendo que no debía hacerlo sola. Se le había olvidado. No era la primera vez que se caía por las escaleras de un tercer piso. “Poco a poco, el alzhéimer va consumiendo a la persona y haciendo que olvide lo más esencial. Es como vivir hacia atrás lo que en su día ya has vivido hacia delante”, afirma una enfermera acostumbrada a tratar con estos pacientes.

Cuando le detectaron la enfermedad, tres de los cuatro hijos de Encarna modificaron sus horarios de trabajo y comenzaron a sacrificar parte de su tiempo libre. Ahora toca cuidar de su madre. Actualmente, Encarna vive en una residencia para mayores, pues es el sitio donde puede recibir la atención médica diaria que ella necesita.

Talleres para ralentizar la enfermedad
En estos centros se realizan talleres que ayudan a que la enfermedad transcurra más lenta, lo que permite poder disfrutar más tiempo de estas personas. De hecho, fuentes médicas afirman que “el alzhéimer se puede combatir con ejercicios mentales y psicomotrices que ayudan a que el paciente recuerde y fortalezca sus habilidades físicas y mentales, ya que aparte de perder la memoria, también pierden movilidad hasta quedar vegetales”.

Además, actualmente, se investiga la posibilidad de encontrar un remedio para aquellos casos en los que el alzhéimer no se encuentra en una etapa avanzada. A pesar de que científicamente no hay cura, el método emocional basado en el cariño de la familia da sus frutos.

Así, una caricia, un beso o un abrazo hace que la persona que está enferma se sienta mejor. Aunque no se acuerde ya de quién eres, sabe por estos detalles cariñosos que hay alguien que quiere estar a su lado.

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