Nutrición y apoyo emocional, factores clave en el tratamiento del cáncer

Teresa MARTÍN

Junto a los tratamientos médicos convencionales, como son la medicación, la quimioterapia o la radioterapia, también existen otros factores claves en la cura del cáncer. Se trata de una correcta alimentación, la terapia con psicólogos y el apoyo emocional por parte de la familia y los amigos.

Así pues, personas que han superado la enfermedad corroboran que una apropiada nutrición influye positivamente en la recuperación, sobre todo cuando se ha perdido el apetito. Igualmente, hay que cuidar la parte afectiva, pues sentirse querido es fundamental para afrontar el dolor y los cambios físicos.

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Respeto a la nutrición, una persona enferma de cáncer puede comer cualquier alimento, aunque es importante destacar que se deben restringir los fritos muy hechos y los ahumados, debido a que contienen toxinas que pueden acentuar la enfermedad; además de la vitamina B12, ya que produce un aceleramiento que aumenta la producción celular. Aún así, no hay que eliminarlos totalmente de la dieta. Otro ingredientes que se deben evitar son la sacarina y los aditivos, aunque esto es difícil debido a que muchos alimentos los contienen como los yogures y los enlatados.

Hay que tener en cuenta que las personas en una fase avanzada del cáncer tienen problemas de nauseas y poco apetito. Estos son algunos de los efectos secundarios más comunes de la enfermedad y de los tratamientos. Por ello, tienen que seguir unas pautas, para que no permanezcan mucho tiempo sin comer. Algunas de ellas son: comer pocas cantidades de comida a lo largo del día, ingerir alimentos nutritivos como los líquidos y los purés, ya que se asimilan mejor que los sólidos, alimentos con proteínas, como la carne y el pescado, y frutos secos. Igualmente, se aconseja comer alimentos enriquecidos en antioxidantes, como verduras y frutas, según explica Borja Herrera, farmacéutico y diplomado en Nutrición y Dietética.

Respecto a la parte emocional, el psicólogo Antonio Báez Rodríguez, informa sobre cómo tratar a un enfermo en casa: “Hay que apoyarlo ya que la fuerza transmitida por los familiares es lo que más influye en el estado psicológico y emocional del paciente”. Cabe destacar que lo primero que se debe evaluar e indentificar en un paciente con cáncer son posibles trastornos psicológicos, así como los factores médicos, sociales y personales del enfermo, que facilitan su adaptación a la enfermedad e interfieren en ella. Además, hay que proporcionar apoyo, enfatizar con su sufrimiento, aliviar su ansiedad, facilitarle la expresión de sus preocupaciones y respetar las limitaciones del deterioro físico.

Un caso especial son los menores de edad. El niño al que se le diagnostica una enfermedad como el cáncer se enfrenta a un amplio espectro de emociones: miedo, ira, soledad, depresión o ansiedad. Su nivel de desarrollo va a determinar la naturaleza del impacto emocional del cáncer y las estrategias que empleará para afrontar la enfermedad. En estos casos, hay que hacer hincapié en la autoestima y en la información a los padres que son el principal apoyo del niño y de los que depende en parte su entendimiento de la enfermedad.

Los niños más pequeños manifiestan, principalmente, su preocupación por el dolor y el miedo a separarse de sus padres y de su entorno durante las hospitalizaciones. En los más mayores surgen sentimientos de soledad si la enfermedad no les permite participar en sus actividades diarias. Por su parte, el miedo a la muerte y el estrés debido a los posibles cambios físicos que pueden experimentar son más comunes en los adolescentes.

El doctor Fernando Henao Carrasco, oncólogo en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla, explica que la relación entre el médico y el paciente en el caso de los enfermos de cáncer es complicada porque al principio “los pacientes vienen muy asustados y con dificultad para la expresión emocional”. Sin embargo, con el paso del tiempo, van adquiriendo una actitud más abierta, mucha más confianza, y la relación con su doctor es más fluida. Y este cambio mejora su estado de ánimo y, por tanto, favorece su recuperación.

Cómo dar la noticia
Henao cuenta que dependiendo del tumor que tengan, los enfermos reaccionan de una manera o de otra. En general, la primera respuesta a un diagnóstico de cáncer es una actitud chocante para la persona y suele generar estrés. “Casi todas mis pacientes son mujeres con cáncer de mamá, y ellas son las que peor lo llevan”, confiesa el experto.

Desde el punto de vista de la empatía con el paciente, es necesaria una actitud agradable. Existen diferentes cursos donde los médicos aprenden a dar estas malas noticias, y seguir un protocolo con la actitud adecuada. Según Henao, por normal general, desde que empiezan las residencias en los hospitales, recién terminados el examen MIR, estamos acostumbrados a ver a un paciente tras otro, y esto te da experiencia. Y tambien aprendemos viendo cómo se comportan otros compañeros y con ellos se aprende incluso más que en un curso.

Respeto a la implicación personal, el doctor afirma: “nuestro trabajo es de 8:00 a 15:00 horas de la tarde y cuando llegas a casa tienes que olvidar la jornada y no llevarte el trabajo a casa. Pero esto es complicado, ya que siempre tienes a algún paciente en la cabeza, ya sea porque le has cogido cariño, o porque tiene otros problemas aparte de la enfermedad”. A pesar de ello, Henao concluye que lo lleva bastante bien, “este es mi trabajo y sé que estoy hecho para ello”.

Por su parte, los pacientes y los familiares también se pronuncian, Dolores Marín, cuyo hermano ha padecido un tumor cerebral, declara que “la lucha contra la enfermedad no solo la tiene el enfermo sino, también, la familia”. Según su experiencia, “el médico siempre nos ha transmitido mucho apoyo, pero los nervios y el agobio al saber que tienes una enfermedad tan grave, te hace vivir diariamente con ese temor”. En su caso, Dolores cuenta que “todo salió bien”.

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