La hermandad del Buen Fin estrena su nuevo centro de estimulación precoz para niños

Vanessa KAWAS

Sevilla es conocida como la ciudad más cofrade del mundo. Durante todo el año, alrededor de 60 hermandades se preparan para la Semana Santa. La hermandad del Buen Fin es una de ellas.  Y al igual que la mayoría de estas corporaciones, lleva a cabo una importante labor social. Hablamos del Centro de Estimulación Precoz para niños, que lleva 34 años funcionando.

Recientemente, han inaugurado sus nuevas instalaciones, ubicadas en la calle San Vicente, donde siguen atendiendo a niños de entre 0 y 60 meses con alguna discapacidad. Buscan la rehabilitación de áreas afectadas como la cognitiva, del lenguaje y la comunicación. El objetivo es que mediante los tratamientos, que son gratuitos, los niños puedan integrarse en la sociedad. Según la necesidad de cada niño, como mejorar el habla o la psicomotricidad, los terapeutas trabajan con distintos materiales y juegos. A su vez, estos ejercicios personalizados se muestran a los padres para que los repitan en casa.  

Javier Vega de la Peña, director del centro desde hace 17 años, expone que las nuevas instalaciones están ubicadas en el antiguo convento de los franciscanos. En 2013, tras la reorganización de las casas, este convento quedó vacío y decidieron cederlo a la hermandad para su uso. Así, ha sido posible pasar de cinco salas de tratamiento a diez. Además, se cuenta con una sala de psicomotricidad, una sala de formación y despachos auxiliares.

Con un diagnóstico médico previo
Sobre el proceso de admisión de los niños, el director explica que los menores llegan al centro con un diagnóstico médico a partir del cual los expertos aplican un tratamiento personalizado, pues sostiene que cada niño es distinto.

Los niños asisten, de media, a dos sesiones semanales, de modo que poco a poco se advierte su evolución. Durante este proceso interviene un completo equipo profesional que está integrado por seis psicólogos, tres logopedas y dos especialistas en estimulación precoz.

A pesar de que han sido y son muchos, todos los niños dejan huella en el centro. Javier recuerda el caso de dos de ellos en 2005, año en que se produjo la coronación de la Virgen de la Palma, que es la virgen titular de esta hermandad. Durante el acto de coronación, estos niños, que habían formado parte del centro, fueron padrinos y participaron en el acto. Javier confiesa que  “fue un momento muy emotivo y gratificante para nosotros y para sus padres”.

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