Un recorrido por los pintorescos pueblos del Algarve portugués

Vistas de Ilha Formosa desde la playa

Ilha Formosa desde la playa / Álvaro Mendoza

Luciano GIL

A menos de dos horas en coche desde Sevilla, pocos saben hasta qué punto se puede disfrutar del turismo en la Península Ibérica. Y es que la región del Algarve es, todavía, una de las grandes desconocidas.

Aparte de Albufeira, siempre abarrotada de viajeros, el Algarve cuenta con una amplia oferta turística: sus playas en el Océano Atlántico, los pueblos de influencia británica y sus localidades en la sierra. Cuando se trata del sur de Portugal, siempre intento buscar una excusa para ir: el buen tiempo, la excelente comida, la tranquilidad, los precios…

Nos adentramos en territorio luso y encontramos el primer pueblo tras cruzar el Guadiana, el río que separa al país vecino del nuestro. Hablamos de Vila Real de Santo Antonio. Es una localidad poco frecuentada, pero recomendable. Un enclave digno de conocer por sus preciosas casas de corte victoriano, todavía bien conservadas desde la llegada de los comerciantes  ingleses al sur de la península en el siglo XIX. Aparte del aire británico que se respira en todas sus edificaciones, también son muy vistosas sus plazas, como la principal del pueblo, rodeada de cafés, pastelerías, y tiendas de productos tradicionales lusos, como los atoalhados, donde se venden toallas, utensilios de cocina, cerámica, ropa de cama…

El pueblo se recorre en una hora. Hay que visitar su mercado de abastos, el mercadillo diario y su puerto deportivo, situado en un paseo marítimo que conecta con la playa. También se recomienda hacer parada en alguna tienda de ultramarinos o supermercado y adquirir algún manjar de la zona, como el paté de sardina o bacalao, mantequilla, pan portugués y los pasteles típicos, como es el caso de las bolinhas, un bollo dulce relleno de crema pastelera o chocolate.

Seguimos hasta Castro Marim, cuyo principal punto de interés es su castillo medieval, que permite unas estupendas vistas del entorno.

En Altura lo suyo es disfrutar de un día en la playa, que durante todo el año parece estar desierta. A pocos metros hay uno de los restaurantes con más prestigio de la zona, O Infante, experto en arroces, pescados y mariscos.

La travesía por la costa continua a bordo de un particular trenecito que para en todas las playas, desde Cacelha Velha y pasando por Ria Formosa, cuyo Festival gastronómico se celebra del 27 de julio al 5 de agosto. Llegados a Faro, se recomienda dormir allí y disfrutar de la ciudad, al menos, un día entero. La ciudad cuenta con varios edificios y monumentos antiguos, y en su agradable zona comercial es posible tomar un refrigerio en sus terrazas situadas al aire libre.

Nuestra última parada es Tavira. Sorprendente ciudad que cuenta con un atractivo centro histórico donde es posible visitar iglesias con retablos barrocos y calles empedradas con casas encaladas. Una barca nos lleva hasta la zona de la playa. Además, a pocos kilómetros de Tavira, hacia el interior, nos topamos con un pequeño salto de agua denominado Pego do Inferno.

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