Aumenta el número de matrones en los hospitales españoles

foto tito2Marina HERNÁNDEZ

En un momento en que la integración laboral de la mujer es uno de los principales debates sociales, el oficio de matrona es un caso peculiar. Hoy en día, en España entorno al 22% de las matronas son varones. Esto supone una clara mejoría respecto al 1% de la década de los 80. Y significa que la incorporación del hombre a un mundo tradicionalmente de mujeres ha sido veloz.

Nuestro protagonista es José María Sevilla, matrona de profesión, exsubdirector de Enfermería del hospital Virgen del Rocío y actual coordinador de Cuidados en el ambulatorio María Auxiliadora. José María se inició como matrona en 1985, hace más de 30 años. Fue la segunda promoción de matronas varones en España, tras la aprobación constitucional que les permitía acceder a la especialidad en 1978.

Comenta que los primeros años fueron duros porque sentía haber aterrizado en un mundo de mujeres. Las matronas mayores no lo querían a su lado. “Durante las guardias me apartaban a las estancias más lejanas. Desconfiaban por completo de mí. Gracias a Dios, esto cambió radicalmente cuando estas señoras, que eran ya bastante mayores, se jubilaron”. Por contra, José María explica que las pacientes no se sentían incómodas porque ya las trataba un ginecólogo que, normalmente, era un hombre.

Otro caso es el de David Ramírez, estudiante de Enfermería, quien quiere ingresar en la especialidad de matrona. “Es complicado. Tras la carrera tienes que acceder a un examen llamado EIR, similar al MIR de Medicina. No todos lo conseguimos porque es un examen de muy alto nivel. Somos pocos los hombres en clase, alrededor de un 20%, del que solo un 1% quieren hacer la especialidad”, cuenta David.

El enfermero y matrón José María Sevilla posa en su consulta del ambulatorio María Auxiliadora

El matrón José María Sevilla en su consulta del ambulatorio María Auxiliadora

El inicio: las comadronas
Sobre los orígenes de la profesión, José María cuenta que durante la Guerra Civil española su abuela era una joven enfermera que viajaba con un hospital de campaña por toda la provincia de Huesca asistiendo a los heridos y a las parturientas. Ella era desde hacía ya algunos años la comadrona de un pueblo de Lérida llamado Tremp. Su madre y su abuela también se dedicaron a este ocio, que se concebía como parte de las tareas domésticas de las mujeres, y cuyas enseñanzas se transmitían de madres a hijas. Pues entonces, la enfermería apenas se entendía como ciencia.

“Culturalmente, los varones no prestaban atención a esta labor. De hecho, hasta que un hombre no era padre, desconocía la figura de la partera”, señala Sevilla. Y añade: “mi abuela fue todo un icono para mí. De niño pasaba horas observándola y escuchándola. Aprendí mucho de su sabiduría popular”.

Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, las comadronas coexistieron con las tituladas matronas, cuya profesión se oficializó a finales del siglo XIX. Las matronas eran pocas y solían permanecer en los hospitales de las grandes ciudades, mientras que las comadronas operaban en el mundo rural. Concha García, de 77 años, recuerda que a sus dos hermanos y a ella los trajo al mundo una de estas mujeres: “Doña Rosario se llamaba, y ya era una señora mayor cuando asistió a mi madre. Según contaban, era muy querida por todos los vecinos”.

Por su parte, Rafael Hernández, de 86 años, habla de la partera que asistió a sus dos hijos mayores en casa: “Era una señora que rondaba los 60 años, muy conocida por todo el barrio, amiga de mi suegra y de mi esposa. Yo no la conocía; por entonces los hombres no nos metíamos en los asuntos de mujeres”.

La trayectoria laboral de este enfermero está llena de experiencias satisfactorias, pero también de momentos que reflejan la cara menos amable de la vida. José María cuenta que los nacimientos de bebés con Síndrome de Down le impactaron durante sus primeros años como matrona. Pero sobre todo, “la aceptación inmediata de los padres”.

Para finalizar, José María confiesa que su profesión le parece la más bonita del mundo: “es una labor que te hace sentir vivo, viendo a diario como funciona la maquinaria humana”.

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