Un recorrido indispensable por Burdeos, ciudad del vino y el refinamiento francés

Monumento Girondinos cuádrigas

Guillermo R. TRIPELON

En el suroeste de Francia, a 300 kilómetros de la frontera con España, se encuentra Burdeos, una joya arquitectónica inscrita en el Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2007 y reputada por su tradición vinícola.

Burdeos tiene la dimensión e importancia de una capital sin padecer la afluencia excesiva de los turistas y el impacto de la contaminación. Los que sientan un desamor por las grandes ciudades debido al hastío de su vida frenética, encuentran el consuelo en la elegancia y tranquilidad de esta ciudad que emula la paz de un pequeño pueblo sin caer en la monotonía por la animación constante que la habita.

A continuación, indicamos el recorrido imprescindible para conocer los esenciales de esta bella ciudad. Todo comienza en la Place des Quinconces, cerca de los muelles del río Garonne. Esta gran explanada presenta un imponente monumento de estilo clasicista que homenajea a los girondinos caídos durante la Revolución francesa. Se representa con una gigantesca columna tirada por una cuadriga de caballos de bronce que desemboca en una fuente.

Dejando atrás el complejo estatuario, en dirección a la plaza de la Comédie, tomando el paseo de Tourny, se encuentra la perfumería de L’Opéra. Es el lugar donde los forofos de los perfumes podrán encontrar una gran variedad de los más refinados y exclusivos perfumes artesanales de toda Europa. Podemos sentir como, pese a la presencia de los vehículos motorizados, los coches de caballos desfilan junto a los edificios dieciochescos.

Al llegar a la plaza de la Comédie, encontramos el majestuoso Gran Teatro de Burdeos, una muestra del refinamiento clasicista y de la importante cultura operística de la ciudad. Aún se oyen desde las ventanas la batalla instrumental entre las cuerdas vocales de grandes cantantes y las cuerdas de los violines, las vibraciones de los cobres de los trombones, y los golpes de tambores que fueron el entretenimiento musical de los aristócratas de la ciudad.

En una de las terminaciones de la explanada, los amantes del lujo y de las compras podrán encontrar su felicidad en las cientos de tiendas de marca prestigiosas dentro y en los alrededores de la calle Ste Catherine, la avenida peatonal más larga de Europa. Más larga, y con más personas. Pues alzando la vista al horizonte, la calle parece estar formada por un pavimento de cabezas alimentadas por la curiosidad y las ganas de desembolsar cualquier cantidad en un artículo de algún escaparate.

Place de la bourse

La Place de la Bourse es un impresionante monumento clasicista situado frente al Miroir d’Eau

Perpendicularmente a esta calle y en dirección al río se encuentra el barrio de Saint Pierre. Por estos barrios todavía se puede recorrer el mismo camino que serpentearon grandes escritores románticos, como Victor Hugo o Maupassant. Con sus pintorescas pequeñas calles medievales, esta zona céntrica es ideal para tomar un descanso y comer en sus bar à vins, bares donde se pueden degustar una gran variedad de vinos y quesos.

Desde un Tour de Bourdieux, hasta un Sauternes, pasando por un Médoc. Esta variedad de vinos de la región sabrá conquistar a los más exigentes. El viajero amante de los vinos hallará más de estos bar à vins en la ciudad gracias a la aplicación Wine Trails, o puede participar en un recorrido por todos los pueblos vitícolas de los alrededores de Burdeos organizado por la oficina de turismo de la ciudad.

Al adentrarse en el centro, se pueden divisar las torres de la grandiosa catedral Saint André. En el camino, pasando por la calle Trois-Conils, es recomendable probar los deliciosos canelés de la pastelería Baillardran. Por su textura crujiente en la superficie, la esponjosidad de su corazón con emanaciones de ron y vainilla, estos pequeños pasteles, cuya forma recuerda al gorro de un cocinero, enamorarán a los más golosos. Una vez alcanzada la catedral, uno puede contemplar y visitar el interior del monumento gótico. La entrada cuesta dos euros por persona.

El monumento impone por su tamaño y esplendor. Y cuando se penetra en su interior, uno puede quedarse atónito escudriñando cada vidriera, escultura, cuadro y detalle de aquel entorno sagrado. Si uno no cree en Dios, puede que empiece a dudar de ello. A su lado, el Palacio Rohan, un antiguo complejo residencial arzobispal de estilo clasicista y que actualmente es la sede del Ayuntamiento de Burdeos.

Finalmente, cuando empieza a anochecer, el paseo por el Miroir d’Eau se hace obligatorio para tener un recuerdo inolvidable debido a su espectacularidad. Situada en el muelle a orillas del río Garonne, es una gran explanada de pizarra recubierta por una fina película de agua que actúa como espejo del conjunto monumental clasicista de la plaza de La Bourse. La silueta y las luces de los edificios se ven reflejados originando en el suelo una copia idéntica a estos.

Para una estancia larga, el gran número de basílicas, museos y los espacios verdes de la ciudad permiten llenar cada día con experiencias enriquecedoras disfrutando de una buena calidad de vida. El visitante podrá desplazarse en poco tiempo a cada barrio de la ciudad gracias a los servicios de transporte público como el Tramway, un modernísimo tranvía, que sirvió de inspiración al MetroCentro de Sevilla, o las bicicletas de alquiler a través del servicio VClub.

El abrumador golpe de majestuosidad que presenta cada rincón de la ciudad y la belleza de sus alrededores hace que el visitante deba pasar varios días para asimilar y conocer cada aspecto de Burdeos. Es una ciudad que concilia en todos sus aspectos a los amantes de la historia, del tradicional refinamiento francés, de la gastronomía y de los vinos. El que vino, querrá volver.

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