Miguel Juane: “Dejé el baloncesto por la abogacía con dolor de mi corazón, pero tenía que ser práctico»

miguel-juane-1Juan ZALDÍVAR

A finales de los años 80 Miguel Juane jugaba en las canchas de la ACB. Una vez retirado, comenzó a ejercer la abogacía. De hecho, actualmente es un destacado abogado en el ámbito deportivo.

Durante su etapa como jugador de baloncesto compartía equipo con el jovencísimo, pero prometedor y legendario, Arvydas Sabonis. Formaban parte del Forum Filatélico Valladolid, un equipo que vio su futuro empañado debido a una estafa piramidal. 

¿Cómo ha influido su etapa de deportista de élite en su incorporación a la vida laboral como abogado?
El deporte es de las mejores escuelas de la vida, y solo tengo palabras de agradecimiento. Yo salí de La Coruña, una ciudad pequeña de 250.000 habitantes, donde no había equipo en Primera División y tuve una proyección distinta a la de otros chicos que jugaban en el Real Madrid o el Barcelona, que tiran mucho de la cantera. Llegar a la élite me supuso mucho trabajo, y por eso fue una escuela de vida de la que solo tengo fantásticos recuerdos.

¿Estaba psicológicamente preparado para su retiro de las canchas?
Me gusta mucho esa pregunta, porque es algo para lo que nadie te prepara. Depende, también, de tu entorno familiar y sociocultural. Antes el baloncesto estaba principalmente vinculado a las escuelas porque necesitábamos una instalación, un patio, una buena pelota, una canasta… Mientras que el fútbol se jugaba en cualquier sitio, con lo que fuera… El baloncesto está más asociado a los colegios y muchos baloncestistas partían para hacer una carrera universitaria. Así sucedió en Galicia, donde casi todos los jugadores gallegos jugábamos en el Obradoiro, porque solo había una universidad en Galicia y era en Santiago. Mi familia me decía: “no descuides tu futuro, no sabes qué puede pasar en el deporte y te puedes lesionar”; e hice una carrera, de cara a tener un futuro laboral. Y estos estudios me prepararon para la transición. Pasé de ser veterano en una actividad, como es el deporte, a ser junior en una profesión, y ya con una edad. A la gente le choca que sea abogado y, a veces, no les inspiras la misma confianza.

¿Tenía miedo der retirarse?
Sí, hay algo como un salto al vacío. Estás en una profesión en la que eres reconocido, tienes tus rutinas a las que estás hecho desde muy niño. Es una vida en la que cuando la gente descansa los fines de semanas, tú viajas y trabajas, es una vida un poco al revés. Me enfrentaba a algo desconocido y elegí la abogacía. No ha sido fácil, e incluso he necesitado ayuda psicológica.

«En Estados Unidos se potencia mucho al individuo
y el deporte universitario, mientras que en España
este sistema, prácticamente, no se contempla»

 

Se retiró relativamente pronto, ¿a qué fue debido?
Me retiré con 29 años. Podría haber alargado mi carrera, tenía ofertas, pero me veía que retrasaba mi llegada a otra etapa profesional. Dejé el baloncesto con todo el dolor de mi corazón, pero tenía que ser práctico; en la vida hay que ser práctico.

¿Se trata de igual manera a todos los deportistas?
No. Como especialista en derecho deportivo, llevé pleitos de deportistas de distintas modalidades y te das cuenta de que hay deportes como el tiro con arco, por ejemplo, que interesan poco. Toda la atención la polariza el fútbol, luego el baloncesto, el balonmano… Aunque otros deportes deberían tener la misma repercusión, es algo cultural. En Estados Unidos ocurre con el beisbol o el fútbol americano.

Ahora que ha mencionado el fútbol americano, su socio, Juan Carlos Barros, es el tío del jugador español de la NFL, Arcega-Whiteside, que se formó en EE.UU, ¿en Estados Unidos se prepara más para el futuro a los deportistas que en España?
Es un sistema completamente distinto al español. Se potencia mucho al individuo, incluso por encima de la familia. Los chicos allí trabajan en verano para pagarse la universidad, aquí los tenemos mal acostumbrados y los padres les costean muchas veces las carreras con un espíritu más familiar. Por ejemplo, allí no hay sanidad pública, y hay que buscarse la vida. Y se potencia mucho el deporte universitario, mientras que en España está abandonado. En Estados Unidos, los deportistas que triunfan fuera de la liga universitaria le dan prestigio a su universidad, y aquí no es así. No se puede comparar porque son mentalidades muy diferentes.

¿Cómo percibe que ha cambiado en los últimos 30 años la relación de los deportistas con el periodismo deportivo?
El baloncesto de los 80 tenía un componente muy romántico. Los periodistas viajaban con nosotros, ya que los patrocinadores del club querían que se hablara de su marca, entonces el club les organizaba el viaje con los jugadores. Esto hoy es inconcebible; todo se ha profesionalizado y está super controlado. La parte buena es que es un procedimieno más riguroso y la información se tiene en cuenta; y la mala, es que se han perdido las relaciones entre jugadores y periodistas, los vínculos, las charlas… Ahora, es más frío.

 

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