María José Climent, la pintora ciega que plasma toda su imaginación en un lienzo

Consuelo SOUSA

María José Climent es una artista de la localidad sevillana de Utrera que padece una enfermedad degenerativa que le impide ver desde pequeña. Pero esta circunstancia no ha supuesto un obstáculo para cumplir su sueño: dedicarse a la pintura.

Foto: @ojosypintura

María José en su estudio de pintura

¿Desde cuando padeces ceguera?
Desde siempre, de nacimiento. Es genético. Somos siete hermanos, y tres tenemos este tipo de ceguera. No somos ciegos totales, porque sí vemos un punto de luz. La enfermedad es una retinosis pigmentaria, que se va degenerando a través del tiempo. Ahora, prácticamente, no tenemos vista, tan solo un 0,01

¿Cuándo empiezas a pintar?
Desde niña me ha encantado la pintura. Como le digo a mis amigos, siempre me recuerdo pintando. Más que un hobby, es una pasión que tengo, no puedo estar sin pintar. Mi primera exposición la hice en 2015, y ahora mismo tengo una pendiente que se suspendió debido al coronavirus.

¿Has estudiado algo relacionado con las bellas artes?
No. Yo estudié hasta octavo de básica y ya me fui a Sevilla a artes aplicadas. Quería estudiar algo relacionado con la pintura. Soy consecuente con lo que tengo y sé mis limitaciones, pero claro, yo era una niña, y esto para nunca ha sido una barrera. Para mí, la pintura es una cosa que tengo en mi interior, no es un capricho.

¿De dónde sacas la inspiración para pintar tus cuadros?
De la cabeza. Yo al haber visto antes tengo concepto de los colores y tengo mis pautas de claridad y oscuridad. Me gustan mucho las canciones y los libros. También de las películas, y aunque no las veo, las escucho. O incluso de conversaciones. Por ejemplo, si hablo con alguien y me dice que está en la playa, yo ya me imagino un cuadro.

“He vendido cuadros para Estados Unidos y Londres”

 

¿Qué es lo que más te gusta pintar?
Mujeres elegantes y glamurosas, lo que yo me imagino, y las personas en general, pero personas que yo me invento. Me gustan también mucho los desnudos, las parejas abrazadas… Y si me dices píntame un gato, yo te pinto un gato, un caballo, una gitana, lo que tú quieras. Lo que me han ido encargando ha gustado mucho.

¿Qué papel tiene tu perra en tus cuadros y en tu vida?
Mi perra es una prolongación de mí, son mis ojos. La solicité cuando me jubilé. Antes iba con un bastón, y quería tener más independencia y más libertad a la hora de moverme. Es verdad que el bastón te ayuda a moverte, pero no te evita los golpes. La perra te evita esos golpes. Me ha dado mucha libertad para hacer mandados, ir a casa de mi madre o mi suegra… A la hora de pintar, si ella ve que me voy al cuarto donde yo pinto, viene conmigo y se pone a mi lado. Y muchas veces sale la perra pintada de colores, porque se me caen los botes.

¿Tienes ayuda de alguien para pintar tus cuadros?
Tengo una asesora, Eli, que es profesora de Bellas Artes. Ella me va diciendo si el trabajo va bien o no, si está bien terminado, si necesita más pintura, si está bien enfocado… También tengo a Flora, que es quien me lleva las redes sociales. Ella es amiga de una sobrina mía y cada vez que veía un cuadro mío le gustaba mucho. Creyó tanto en mí, que me dijo si podía subir mis obras en Instagram para que todo el mundo pudiera verlo, y gracias a ella se han vendido cuadros en Estados Unidos y Londres. La verdad es que me he creado un círculo de trabajo muy bueno, además de haber hecho amigos.

 

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