República Checa ➢ La ciudad medieval que Cesky Krumlov esconde tras sus murallas

Paco MARTÍN-VÁZQUEZ

En la República Checa y cerca de la frontera con Austria se encuentra la pequeña ciudad de Cesky Krumlov. Esta colorida urbe parece haber sido sacada de un cuento de Hans Christian Andersen por su ambientación medieval.

Localizada en la región de Bohemia del Sur de Chequia, en medio de la naturaleza, lo primero que se vislumbra al llegar a Cesky Krumlov es la alta torre de su castillo, una imponente construcción medieval de 54,5 metros de obligada visita cultural. En su interior, se encuentra un gran teatro barroco, de los mejores conservados del mundo y que destaca por su mecanismo de madera para cambiar los decorados del escenario.

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Castillo de Cesky Krumlov

El río Moldava, el más largo de la República Checa, atraviesa toda la ciudad. Para los más atrevidos, existe la posibilidad de alquilar unas piraguas para surcar sus aguas. Las dos zonas de la ciudad están conectadas por varios puentes de madera, que aumentan la sensación de estar en una ciudad de la Edad Media.

Una taberna muy ‘Juego de Tronos’
Esta sensación se acrecienta cuando visitas la ‘Krcma v Satlavske Ulici’, una caverna que emula a un asador de la época medieval. Sus paredes, asientos y, hasta el propio camarero, están caracterizados para transportar al comensal a una auténtica taberna antigua. Sus platos son abundantes, siendo muy recomendables su sopa de noodles y el pastel de manzanas, además de poder acompañar esta comida con una cerveza típica del país, como la Pilsner Urquell, a un precio asequible.

Una de las plazas cercanas al restaurante, y una de las más destacadas de la ciudad, es la ‘Namesti Svornosti’, donde está el punto de información turística y de donde salen varios tours. La plaza está rodeada de edificios y tiendas de diversos colores, lo que le da un especial encanto.

Aquí también se ubican una columna y una fuente de piedra adosada, en recuerdo de una peste provocada por una epidemia de ratas procedentes de Mongolia a finales del siglo XVII. Toda la ciudad tiene un “adoquinado medieval”, lo que le da el toque añejo definitivo.

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