Viajar. Argentina en primera persona: mucho más que unas vacaciones

Atravesando el país de norte a sur, esta ruta recorre las cataratas de Iguazú, los glaciares de Ushuaia y dos barrios con historia, La Boca y San Telmo

Parque Nacional Tierra del Fuego

Alberto POLO

En febrero emprendí un viaje por Argentina que terminó siendo mucho más que unas simples vacaciones. Desde la energía intensa de Buenos Aires hasta la inmensidad de la Patagonia, cada destino me dejó una imagen distinta del país y una experiencia que ahora formará parte de mis recuerdos para siempre.

Mi aventura empezó en Buenos Aires, aunque solo de paso: llegué a la capital para hacer conexión hacia Iguazú. Aun así, ese breve primer contacto con la ciudad ya anticipaba que tendría mucho más que ofrecer al final del viaje. Tras el vuelo, aterricé en Iguazú, un lugar que supera cualquier expectativa incluso antes de pisar los parques naturales. Las cataratas del Iguazú son un espectáculo en sí mismas, pero lo que más me sorprendió es cómo cambian según el lado desde el que se visitan.

Cataratas del Iguazú, al norte del país

En el lado brasileño las vistas son más panorámicas; uno camina prácticamente frente a un enorme muro de agua que parece no tener fin. En cambio, el lado argentino permite acercarse muchísimo más: pasarelas que te llevan casi a tocar las cataratas y un ruido ensordecedor que demuestra la fuerza de la naturaleza. Ambos lados son imprescindibles, no vale elegir uno solo. Como extra, recomiendo una parada en el mirador de la Triple Frontera, donde convergen Argentina, Brasil y Paraguay. Es curioso ver cómo los tres países se encuentran separados únicamente por ríos.

Paseos y gastronomía en la capital
Después de Iguazú regresé a Buenos Aires y ya sí pude dedicarle tiempo. La ciudad es enorme y cada barrio parece un mundo distinto. Para los amantes del fútbol, el barrio de La Boca es casi una visita obligada: calles de colores, ambiente popular y, por supuesto, la Bombonera. Eso  sí, por seguridad es mejor  visitarlo de día. Otro punto destacado es el Cementerio de la Recoleta, famoso por su arquitectura y por ser el lugar donde descansan personajes históricos, como Eva Perón.

En el estadio de Boca Juniors, La Bombonera, en Buenos Aires

También pasé por el mercado de San Telmo, que recomiendo especialmente por su comida. Hay puestos y locales para todos los gustos, con sabores tradicionales y muy buen ambiente. Y para quienes disfrutan de la pizza, una parada en ‘El  Cuartito’ es imprescindible: un clásico porteño que sirve porciones generosas y sabrosas.

Pingüinos en el sur
La siguiente etapa del viaje me llevó al extremo sur del continente: Ushuaia. Aunque muchos lo asocian con el fin del mundo, a mí me recordó sorprendentemente a Sierra Nevada por el paisaje montañoso y el clima frío pero luminoso. Allí visité el glaciar Perito Moreno —impactante en tamaño y belleza— y también una pequeña isla habitada por pingüinos, donde se puede caminar entre ellos con mucho respeto. Otra visita curiosa es la antigua cárcel, que hoy funciona como museo y cuenta historias de los presos que estuvieron allí cuando la ciudad era casi inaccesible.

La última parada fue El Calafate, un lugar mucho más tranquilo, perfecto para terminar el viaje con otro ritmo. Lo que más recomiendo es hacer una ruta a caballo: te llevan por paisajes preciosos, entre montañas, lagos y llanuras abiertas que parecen sacadas de una postal. El pueblo en sí es pequeño y acogedor, ideal para descansar después de días de excursiones.

Rutas a caballo en la zona de El Calafate, ubicada en la región de la Patagonia argentina

En cuanto a los precios, me sorprendió que fueran bastante similares a los de España, especialmente en restaurantes y actividades. Y sobre la época del viaje, febrero me pareció perfecta: allí es verano y el clima es muy agradable, sobre todo en la Patagonia, donde hace fresco, pero  no tanto como en otras estaciones.

Argentina es un país enorme y lleno de contrastes. Cada lugar que visité tenía una personalidad propia, y todos me dejaron la sensación de que aún queda mucho por descubrir. Es un destino que recomendaría sin dudar, tanto por su naturaleza como por la cultura y la calidez de su gente. Creo que este viaje me enseñó que, a veces, cuanto más lejos vas, más se ensanchan también las ganas de seguir conociendo el mundo.

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