Nino Bauti regresa a Sevilla y diseñará parte del vestuario de la I Bienal de Ópera

Se trata del atuendo de Il Califo di Bagdad y Les enfants terribles, que se representarán en septiembre

La CRÓNICA

Nino Bauti, figura emblemática en el ámbito de la moda y el diseño a nivel internacional, regresa a su Sevilla natal tras tres décadas en el extranjero, y lo hace de la mano de la I Bienal de Ópera para la que diseñará el vestuario de Il Califo di Bagdad y Les enfants terribles.

Son dos de las óperas más esperadas de lo que será uno de los eventos cruciales del otoño en la capital hispalense, a lo que contribuye la participación de Bauti. Las representaciones se llevarán a cabo en espacios patrimoniales excepcionales, como el Patio de la Montería del Real Alcázar y la Fábrica de Artillería, prometiendo una experiencia única que fusiona tradición y vanguardia. “Nada me emociona más que regresar a Sevilla después de tanto tiempo para crear algo radicalmente nuevo desde aquí. Esta Bienal no es solo un festival, es una declaración de intenciones”, destaca el diseñador. 

Sobre colaborar con el director escénico Guillermo Amaya en la creación del vestuario para la ópera bufa Il Califfo di Bagdad, compuesta por Manuel García en 1813, para Bauti, “es una experiencia que me ha sacado, de manera positiva, de mi zona de confort”. La versión de Guillermo, que intercala diálogos entre las piezas musicales, aporta un dinamismo cómico y original a la narrativa. En su adaptación, el Califa no se presenta como el típico príncipe sarraceno, sino como un joven astuto y carismático, heredero de la célebre sala de fiestas y espectáculos eróticos de Barcelona, la famosa Bagdad, en una España progresista de los años setenta, en plena transición política. 

Este enfoque contemporáneo conecta la obra con las audiencias actuales, resonando con temas de libertad y expresión artística en un contexto histórico significativo. Por este motivo, Bauti considera que el vestuario debía reflejar esa dualidad. Para ello, buscó en personajes del cine y la prensa rosa de la época aquellos elementos que le evocaran, con divertida nostalgia, la sociedad de entonces, con un estilo moderno y atrevido que representara vívidamente la esencia de la Barcelona de aquellos días. “No solo debía ser un vestuario visualmente impactante; para mí era fundamental permitir que los actores se movieran con fluidez creíble, algo clave en el ritmo de la obra”, señala el diseñador. 

Precisamente, este año se conmemora el 250 aniversario del nacimiento de su autor, un ilustre sevillano en la ópera mundial, y su representación se llevará a cabo los días 26 y 27 de septiembre en el Patio de la Montería del Real Alcázar. 

Un ropaje que represente la dualidad entre la inocencia y la crueldad
Por su parte, Les enfants terribles, la novela escrita por Jean Cocteau en 1929, ha inspirado una cautivadora ópera ballet para cuatro voces y tres pianos, compuesta por Philip Glass, que se representará el jueves 25 de septiembre. En esta obra se explora la complejidad de la juventud, la familia, el amor y la muerte. La historia sigue a dos hermanos, Paul y Elisabeth, quienes habitan un mundo de fantasía y aislamiento que les permite escapar de la realidad. La narrativa refleja la tensión entre la inocencia de la adolescencia y la crueldad del mundo adulto, así como el anhelo de libertad y la inevitabilidad de la pérdida. 

Sobre el vestuario creado para la ocasión, Bauti expresa que su intención “no es solo reflejar la identidad de cada personaje, sino también evocar el ambiente opresivo y onírico de la historia. Como diseñador, mi objetivo es contribuir a la transmisión del mensaje de Cocteau sobre la lucha entre la juventud y la realidad, así como la complejidad de las relaciones humanas, aportando, bajo la dirección escénica de Susana Gómez, una visión rica en matices, texturas y colorido que complemente la música de Philip Glass”. 

En ambos casos, su intención con el vestuario es que tenga un significado profundo y multifacético. “Colaborar tan estrechamente con ambos directores me ha enseñado la importancia de la innovación y la adaptabilidad en el arte escénico. Es un recordatorio de cómo una visión audaz puede transformar una obra clásica en algo vibrante y relevante para el público contemporáneo”.

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