La investigadora sevillana Jara Cárcel está desarrollando en París un estudio pionero sobre esta enfermedad en busca de tratamientos personalizados

Ángel ESPINA
El avance de la ciencia está garantizado gracias a las nuevas generaciones de investigadores, quienes con su formación y su entusiasmo por el conocimiento contribuyen a resolver problemas complejos de nuestra era. Prueba de ello son el trabajo y los logros de la joven investigadora Jara Cárcel Márquez, de 31 años y natural de Coria del Río, quien está desarrollando en el Paris Brain Institute un estudio pionero sobre el ictus, una enfermedad que afecta a más de 70.000 personas al año sólo en España. Gracias a una segunda beca de movilidad postdoctoral de Spotahome, dotada con 10.000 euros, colabora con el grupo de la doctora Stephanie de Beth, líder mundial en genética del ictus. Su trabajo busca integrar datos genómicos y epigenómicos para identificar nuevas dianas terapéuticas y avanzar hacia una medicina personalizada. Aunque reconoce la existencia de un componente genético, insiste en que la prevención es clave, pues un alto porcentaje de los casos de ictus podrían evitarse con hábitos de vida saludables.
¿Qué es la investigación genética del ictus?
Es el estudio del ADN de personas que han sufrido un ictus y de quienes no, para identificar variantes genéticas asociadas a la enfermedad. Ahora damos un paso más incorporando la epigenética, que son “interruptores” que activan o silencian genes sin cambiar el ADN. Así buscamos marcas reguladoras que influyan en el riesgo.
¿Qué circunstancias académicas y/o personales le llevaron a especializarse en la investigación genética del ictus?
Soy graduada en Biotecnología por la Universidad Pablo de Olavide, y tengo un máster en Genética y Genómica, que cursé en Barcelona. Me interesó la bioinformática y el análisis masivo de datos genómicos y el tema del ictus me atrajo por su impacto social y su complejidad científica. Quise poner mi granito de arena en entender por qué ocurre.
¿Hasta qué punto es el ictus una cuestión, básicamente, genética?
No es principalmente genética, aunque existe este componente; pero hasta el 90% de los casos son evitables. No estamos condenados por nuestros genes. Factores como la hipertensión, el tabaquismo, la alimentación o el estrés influyen decisivamente.
¿Qué papel juega la genética en la prevención y el tratamiento del ictus?
Hoy en día no hay herramientas genéticas aplicadas en prevención primaria, pero la genética está revolucionando el desarrollo de fármacos. Los medicamentos con respaldo genético tienen mayor tasa de éxito en los ensayos clínicos. En unos años, esperamos que el análisis genético en la consulta ayude a personalizar riesgos y tratamientos.
¿Cómo cambiará el enfoque clínico a partir de los nuevos descubrimientos en esta materia?
Cada vez habrá más fármacos dirigidos a dianas específicas, sobre todo en neuroprotección para minimizar los daños tras sufrir un ictus. La medicina será más personalizada y dependerá, no solo de la propia genética, sino también de tu contexto clínico y tu estilo de vida.
¿En qué consiste su proyecto y qué avances espera lograr durante su estancia postdoctoral en Europa?
Integro datos genéticos y epigenéticos de grandes cohortes de pacientes para hallar nuevas dianas terapéuticas. En París, trabajo con el grupo más puntero del mundo. Espero que mis resultados ayuden a sentar las bases de terapias más precisas y que en un par de años pueda continuar esta línea en Andalucía.
¿Con qué dificultades metodológicas o científicas se está topando a la hora de llevar a cabo su investigación?
La principal es la financiación. Secuenciar genomas completos de muchos pacientes es carísimo. A menudo, trabajamos con recursos limitados, pero hacemos “maravillas” con lo que tenemos. Becas como la de Spotahome son vitales para movilizarnos y colaborar con centros de excelencia.
Trabaja en el sector de la investigación en salud, donde las mujeres representan el 73% de la cuota de participación, ¿a qué cree que se debe este liderazgo femenino?
Creo que esa cifra refleja a investigadoras en etapas predoctorales y postdoctorales, pero no tanto en puestos de liderazgo. Hay pocas mujeres dirigiendo grupos. Por eso, valoro tanto trabajar aquí con la doctora De Beth. Necesitamos más referentes femeninos visibles en puestos de responsabilidad.
¿Cuáles son sus referentes femeninos en el campo de la investigación médica?
La doctora Stephanie de Beth, con quien trabajo ahora, es un referente mundial. En España, admiro a muchas colegas, pero aún faltan mujeres al frente de grandes proyectos. Ojalá, en el futuro, yo misma pueda servir de referente a niñas que quieran dedicarse a la ciencia.
Tras esta beca de movilidad Spotahome, ¿qué se plantea y hacia dónde le gustaría dirigir sus pasos?
Volveré a Barcelona unos años para cerrar un proyecto que lidero de la Fundación La Marató de 3CAT, con la colaboración de la Televisió de Catalunya. Después, mi objetivo es establecerme en Andalucía, en un grupo como el del doctor Joan Montaner en el Hospital Virgen del Rocío, que es puntero en ictus. Quiero contribuir a que la ciencia andaluza retenga talento. De momento, ya puedo contar que me han concedido la financiación para un nuevo proyecto, el segundo como investigadora principal. Dura tres años, hasta finales del 2028, y el montante asciende a 178.000 euros, que se destinarán a estudiar la genética de la evolución post-ictus.
Como investigadora joven, pero con experiencia, que ha recibido reconocimiento internacional, ¿qué consejo le daría a quienes ahora comienzan?
Que hablen con gente, que pregunten, y que no tengan miedo a enviar correos pidiendo consejo. La ciencia en España es difícil, pero se puede hacer y dedicarse a ello. Formarse fuera es una opción, pero no la única; también hay que valorar y potenciar lo que hay en nuestro territorio. Lo importante es persistir y creer en el impacto de lo que hacemos.
