Malandro es uno de los restaurantes que aprovechan el cambio de estación para potenciar su zona de bar ampliando la carta con guisos, ibéricos y montaditos

Inma MARTÍN
Con la llegada del otoño y el descenso paulatino de las temperaturas, Sevilla experimenta una transformación que reconfigura tanto su ritmo social como su dinámica urbana. Tras el paréntesis estival, las terrazas van cerrando y las barras de la capital andaluza recuperan su centralidad como espacios de ocio y convivencia. El fenómeno del tapeo otoñal representa una seña de identidad cultural y un motor económico fundamental que articula la vida cotidiana de barrios históricos como el Centro, Triana o la Alameda de Hércules.
En este periodo, en el recetario local se percibe una transición hacia platos de cuchara, carnes y productos de temporada. Precisamente, en este punto y momento se encuentra el Restaurante Malandro. Ubicado en una casa señorial frente a la Real Maestranza, Malandro anuncia su intención de potenciar la zona del bar ampliando su carta con platos para tomar en barra o en mesa: guisos, ibéricos, laterío y tapitas, a los que se suman montaditos, molletes y entrepanes a la parrilla de carbón.
En cualquier caso, se trata de una propuesta culinaria que combina la tradición con la innovación. Al objeto de conocerla y para ir abriendo boca, podemos citar los huevos fritos con patatas caseras y atún con tomate, pochas con langostinos y almejas, lomitos de corvina con salsa de manzanilla o solomillo al whisky, preparado con cerdo ibérico de bellota de Tartessos.
Si lo que apetece es un montadito, la oferta contempla el bikini de jamón asado, queso Comté y trufa; el mollete de pringá andaluza; el de chicharrón con queso payoyo o el de gambas con alioli de ajo negro y ralladura de lima.
Igualmente, crece la bodega del restaurante hasta más de 200 referencias, con nuevas etiquetas internacionales, como Burdeos, Borgoña o Piamonte.

Cócteles y música para los tardeos
Como novedad, a partir de esta temporada Malandro acompaña su propuesta gastronómica con música para los tardeos, siendo esta la hora perfecta para tomar un cóctel. Americano, Negroni, Paloma, Spicy Margarita o Pisco Sour son algunas de las variedades que figuran en su carta, disponiendo también de opciones sin alcohol. Las noches de los jueves son más especiales, pues los comensales pueden disfrutar de música en directo de piano, jazz, soul y bossa nova.
Para que la experiencia sea completa, este contenido y esta carta enfocada al tapeo necesitan de un espacio acorde. En este sentido, el edificio del restaurante Malandro se caracteriza por su confortabilidad y su cuidada estética. El bar, el salón comedor y las terrazas mirador con vistas a la plaza de toros de La Maestranza se reparten, respectivamente, a lo largo de tres plantas. El ambiente es tranquilo, con una agradable música de fondo, que acompaña, pero no molesta. Mientras que en su decoración destacan los tonos neutros con acabados en madera natural y el uso de cerámica y barro, haciendo un guiño a la tradición del sur.
Consciente de que Sevilla eleva el tapeo a la categoría de arte, Malandro firma con este giro de carta un movimiento estratégico, que va más allá de la simple renovación estacional. Los nuevos platos son un golpe de efecto con el que se demuestra que en este restaurante también funciona el formato bar con los sabores de siempre, pero reinterpretados con un toque de vanguardia.
